Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
61 La naturaleza y ciencia del veneno animal | Alberto Sánchez Vialas, Rafael Zardoya y Aida Verdes D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global que no existe antídoto para la tetrodotoxina y en caso de intoxicación, el único tratamiento consiste en mantener al paciente con vida mediante soporte respiratorio hasta que el efecto de la toxina remite. El pez globo es un ejemplo icónico de toxicidad, pero también existen peces venenosos, como el llamativo y espectacular pez león ( Pterois antennata ). A diferencia del pez globo, el pez león no acumula toxinas en sus tejidos, sino que inyecta veneno de forma activa a través de unas espinas rígidas situadas en las aletas dorsal, anal y pélvica. Estas espinas están conectadas a glándulas de veneno y se utilizan principalmente como mecanismo defensivo. El veneno provoca un dolor muy intenso, inflamación y espasmos musculares, y aunque raramente es mortal para el ser humano, en ocasiones puede causar complicaciones graves. Su vistosa coloración y sus largas espinas convierten al pez león en uno de los peces más reconocibles de los arrecifes, pero también actúan como una advertencia visual de su peligrosidad ante posibles depredadores. No es el caso del pez piedra ( Synanceia horrida ), que pasa desapercibido, camuflado en los arrecifes y cuyas espinas dorsales inyectan citotoxinas y neurotoxinas muy potentes que provocan un dolor intenso, hinchazón, necrosis y parálisis cardiorrespiratoria. Otros animales marinos utilizan el veneno tanto para la defensa como para la depredación y, en algunos casos, han desarrollado glándulas de veneno altamente especializadas que les permiten secretar compuestos distintos según el objetivo. Un ejemplo extraordinario son los caracoles cono (familia Conidae), moluscos depredadores marinos que emplean un sofisticado sistema de caza basado en arpones venenosos. Estos arpones son dientes de la rádula modificados, capaces de dispararse a gran velocidad para inocular el veneno. Algunas especies emplean estrategias de anzuelo y línea , clavando el arpón venenoso y en la presa y arrastrándola hasta la boca, mientras que otras cazan mediante pesca con red , liberando una nube de toxinas que paraliza simultáneamente a varios peces, que el caracol engulle después formando una especie de red con su propio rostro. Existen especies que se alimentan sobre todo de anélidos, otras de peces y algunas incluso de otros caracoles, una diversidad de dietas que se refleja en la variada composición de sus venenos. Estos venenos pueden contar con cientos de péptidos diferentes, llamados conotoxinas, con función neurotóxica y caracterizados por
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