Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global 388 Epílogo | Juan Tamargo La mayoría de las mordeduras ocurre en las comunidades rurales agrícolas y pueblos indígenas de países en desarrollo con acceso limitado a centros de salud, sistemas de transporte deficientes y limitada disponibilidad de antídotos. Sin embargo, y este grave problema socio-sanitario ha sido reiteradamente ignorado hasta que, en 2017, la OMS incluyó el envenenamiento por mordedura de serpiente en la lista de Enfermedades Tropicales Desatendidas de alta prioridad (2). Poco después, en 2019, en su documento Estrategia Global para la Prevención y el Control del Envenenamiento por Mordedura de Serpiente, la OMS estableció como objetivo de reducir en un 50% las muertes y discapacidades por mordedura de serpiente en 2030 (3). Se ha propuesto que, evolutivamente, el veneno de serpiente se originó en un ancestro común de las especies pertenecientes al clado Toxicosfera, hace aproximadamente 170 millones de años (4). Este ancestro habría desarrollado glándulas dentales serosas incipientes que ya secretaban sustancias tóxicas básicas para la caza o la defensa, pero las toxinas experimentaron posteriormente una gran diversificación mediante el secuestro y duplicación de los genes que las codificaban y la compleja interacción entre diversos factores genéticos y posgenómicos sobre dichos genes, todo ello acompañado de cambios en la morfología de las glándulas productoras y los sistemas de entrega/inyección del veneno. En la actualidad, los venenos de serpiente representan mezclas complejas de múltiples principios activos, incluyendo enzimas proteolíticas y toxinas (particularmente las denominadas de tres dedos, 3FTx) que producen efectos neurotóxicos, cardiotóxicos, miotóxicos y hemotóxicos (procoagulantes/anticoagulantes). El tratamiento de las mordeduras de serpiente se recoge ya en el papiro de Brooklyn (c. 450 a. C.) y la idea de utilizar pequeñas cantidades de veneno y/o carne de serpiente ( similia similibus curantur ) en el tratamiento de las mordeduras en la medicina griega clásica. La triaca magna , en cuya composición se incluía carne de víbora, fue utilizada como cura universal, incluída las mordeduras de serpientes hasta el siglo XIX. Sin embargo, el tratamiento específico de las mordeduras es la administración de suero antiofídico, una solución de inmunoglobulinas purificadas (o sus fragmentos) obtenidas El veneno de serpiente se originó en un ancestro común de las especies pertenecientes al clado Toxicosfera, hace aproximadamente 170 millones de años. “
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