Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
169 La víbora en la triaca | Jorge Alvar D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global (…) de los envejecidos errores [porque] es excelentísimo para todo mal que no haya podido sanar con otros remedios» (7,8). La obra de Domingo Guillén Triaca Magna de los antiguos …, 1714, retomó y desgranó el estado de la cuestión con la perspectiva histórica, recorriendo las distintas posiciones entre médicos Antiguos y Modernos (5). Es un libro útil para entender las aportaciones que se van haciendo en el transcurrir de la triaca, aunque no le profesa gran simpatía a Charas. Muchos de los productos del electuario procedían del Mediterráneo oriental o de Asia y África, lo que convirtió a Venecia en epicentro del comercio europeo de la triaca. La República veneciana estableció un monopolio sobre la triaca, identificada casi exclusivamente con la producción local, cuya exportación generó importantes ingresos. Ya en 1258, la Giustizia Vecchia obligaba a los boticarios a vender únicamente triaca veneciana y en 1441 se ordenó la destrucción pública de las falsificaciones arrojándolas al agua desde el puente de Rialto (8). Algo parecido se impuso en el Madrid del siglo XVIII (capítulo C7 ). El gobierno de la Serenísima República otorgaba licencias tras verificar la capacidad técnica y el cumplimiento de las distancias mínimas entre farmacias (100 pasos venecianos), y priorizaba a los importadores de especias orientales, como el droguero Pierre Pomet (9), haciéndose así un monopolio muy lucrativo por la venta de la triaca. El prestigio de la triaca como panacea universal ganado a lo largo de los siglos no podía comprometerse, había mucho interés económico en juego. Cualquier fracaso en el resultado terapéutico se atribuía a una composición o fabricación defectuosas, por lo que la preparación de la triaca pasó de ser una receta galénica de referencia a un complejo espectáculo público en el que su preparación estaba altamente reglamentada: se fijaron los pasos a seguir, el número de ingredientes y los controles de calidad, aunque no se pudieron evitar ajustes y variantes locales. En centros como Venecia, Padua o París la preparación pública de la triaca en espacios rodeados de docenas de jaulas con víboras vivas, concitaba la curiosidad de las gentes lo que El prestigio de la triaca como panacea universal ganado a lo largo de los siglos no podía comprometerse, había mucho interés económico en juego. “
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