Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
170 La víbora en la triaca | Jorge Alvar D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global avalaba la autenticidad del medicamento y, a la vez, alimentaba el mercado y el prestigio de farmacéuticos y médicos. En Burgos se celebraba como un gran acontecimiento: «…esta ciudad, se ha acostumbrado fabricar este antídoto con bastante notoriedad… que con música repetida de trompetas se publica, y a vista de todos se haze examen de los simples, y composición de la Triaca» (5). Esta presión regulatoria sirvió para aliviar las críticas contra la utilidad de la triaca hasta el punto que el uso de carne de víbora no sólo se mantuvo sino que se incrementó en los siglos XVI y XVII para ser usado en todo tipo de fiebres y «depuración» de la sangre¹⁰. Las farmacias autorizadas ( theriacants ) exhibían un emblema (uno exhibido ) que las distinguía y que exponían los ingredientes públicamente durante 15 días antes de elaborar la triaca. Luego se trituraban en enormes morteros de bronce [aún quedan marcas en el pavimento de la plaza de San Stefano, Venecia], en fechas excepcionales. En Messina, el boticario Giovanni Domenico Cardullo elaboraba la triaca anualmente bajo la supervisión del Senado de la ciudad y tutela del Colegio de Médicos local, lo que anunciaba públicamente con cuartillas divulgativas: «Teriaca d’Andromaco composta públicamente in Messina da Gio.Dom.Cardullo messinese, Spetiale all’insegna di S. Giorgo, ove tutti li semplici di quest’antidoto hostilmente s’esaminano, si dichiarano e s’approvano», 1637 (16). La farmacia de All’Ercole d’Oro (en Cannaregio) fue famosa por las píldoras purgativas de Santa Fosca y por su triaca, preparada en una sala especial de venenos y almacenada en tarros de Bassano. Destacó también la Spezieria della Colonna e Mezza y desde Bolonia se exportaban a Europa sus trociscos bizcochados. Estas y otras farmacias impulsaron la reputación internacional de Venecia como capital farmacéutica, tanto que los boticarios autorizados, conocidos como spezieri da medicina, o teriacanti, gozaban de alto estatus social por su trabajo, comparable a un “arte noble”, permitiéndoles casarse con damas de alcurnia. Estos profesionales eran seleccionados entre las 90 farmacias existentes, de las cuales solo unas 40 recibían el codiciado permiso del Magistrato alla Sanità (8).
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