Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
165 La víbora en la triaca | Jorge Alvar D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global Francesco Redi (1626-1697), médico, poeta y naturalista italiano, sometió las creencias tradicionales a la experimentación. Las aportaciones de Redi a la ciencia son fundamentales no solo en el envenenamiento por serpientes sino que también en la descripción del ciclo de un parásito humano, Fasciola hepatica, o cuestionando la teoría de la generación espontánea de las especies en su tratado de 1668, anticipándose a Darwin nada menos que 200 años (14). Para la mayoría, el veneno estaba oculto en unas vainas en las encías que cubrían la base de los colmillos a las que llegaba la hiel desde la vesícula biliar, a través de unos diminutos canales que se ramificaban hasta ellas. La producción de la bilis dependía de la ira de la serpiente. Por su parte, Redi consideraba ridículo pensar que una gota de bilis pudiera matar a un hombre. Ni el experimento de Giovanni Battista Odierna, que dio a un gato pan empapado en bilis de víbora, ni la observación cotidiana de gatos comiendo serpientes, convencían a los médicos tradicionalistas. En su crítica a Moyse Charas, Redi recordaba que Avicena, al igual que Galeno citando a Plinio el Viejo, afirmaba que quienes bebían hiel de víbora no morían. En la mencionada carta de Redi al conde Lorenzo Magalotti relata el caso del cazador de víboras Jacobo Sozzi, quien en presencia de los que debatían el asunto, bebió vino mezclado con bilis, baba y espuma de víbora sin sufrir daño alguno: «Y al día siguiente, con tres víboras enroscadas, repitió la misma operación, sin el menor miedo, y tenía buenas razones para no temer». A partir de estas observaciones, administró hiel de víbora a palomas, perros y gallos sin consecuencias letales. Aún más, Redi hizo ingerir a un cabrito agua contaminada con la saliva y las secreciones de los tejidos blandos del paladar y mandíbulas, que había obtenido de varias víboras con una lanceta, sin causarle daño. Concluyó que la hiel de la víbora, ingerida, no era venenosa. Un paso más allá en la experimentación del italiano fue comprobar los efectos que puede causar la ingesta de carne toda vez que creía en su inocuidad, como lo había hecho con la hiel: «Ahora se me ocurre que Galeno y muchos otros hombres modernos dignos enseñan que comer carne viperina induce una fiebre muy ardiente e inextinguible», y respetuoso contradice al sabio (aunque reseñado por Prieto en el C4 , no FrancescoRedi (1626-1697), médico, poeta y naturalista italiano, sometió las creencias tradicionales a la experimentación. “
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