Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
159 La víbora en la triaca | Jorge Alvar D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global El mitridato no escapó de controversias en la medicina renacentista aunque fue la triaca la que concentró mayores discusiones por el papel de la carne de víbora “ caçar las bivoras,de las cuales se ha de componer la buena Theriaca: es la fin de la primavera,ò de mediado Abril,hasta mediado Mayo:porque estonces andan muy gordas, y su carne es mas olorosa y suave, à causa de las flores que pacen», y en el otoño, coincidiendo con la vendimia porque: «Son las Bivoras naturalmēte desseosas de vino,y embriagan por la qual causa los que quieren caçar gran muchedumbre dellas, suelen poner unos vasos llenos de muy buen vino, junto à las matas en las campañas: dentro de los quales hallan despues infinitas y medio borrachas» (3). Con esta obra, el de Pérgamo situó la triaca en la cúspide de la farmacología grecorromana. Los textos galénicos circularon por el mundo latino, bizantino e islámico, siendo traducidos y reinterpretados y, de vuelta a Occidente, otra vez al latín y al “castellano vulgar” al llegar a Salerno y Toledo. La interpretación del cuerpo doctrinal de la obra de Galeno por sus estudiosos ha venido en llamarse galenismo, siendo Laguna un galenista². De l a t r i aca emp í r i ca a l a c i ent í f i ca . El ini c i o de l a tox i co l og í a exper iment a l El mitridato no escapó de controversias en la medicina renacent i s ta aunque f ue l a t r i aca l a que concent ró mayores di scus i ones por e l pape l de l a carne de v í bora : más a l l á de l cues t i onami ento de l a comp l i cada formul ac i ón, e l debat e se cent ró en l a v í a de entrada y cantidad de veneno, por cuánto tiempo se conservaban y transmitían sus propiedades, y si debía prevalecer la autoridad de la tradición galénica sobre la verificación experimental que se abría camino. Como se ha mencionado, el mejor antídoto contra el veneno estaba, precisamente, en la carne del propio animal venenoso si era “domesticado” por el arte farmacéutico, en palabras del citado Pancracio. Era la paradoja del salto de matar a curar con toda su simbología, incluida la cristiana (ver capítulos C2 y C4 ), e incluso poder llegar a ser utilizada como elixir del amor³. D
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