Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
160 La víbora en la triaca | Jorge Alvar D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global No vamos a insistir en lo ya mencionado en el capítulo C4 refiriéndose a Joseph Chesne⁴ y cómo hacer una reducción de la carne macerada en vino y pan bizcochado hasta conseguir una jalea. Una vez seca, se hacían trociscos de la pasta y quedaban listos para añadir al resto de ingredientes vegetales y minerales, un proceso meticuloso⁵. Lorenzo Pérez en el Libro de Theriaca limpio de los errores hasta nuestros tiempos en ella cometidos, 1575, detalla cómo prepararla según el credo galénico y cómo almacenarla para que adquiera madurez antes de ser dispensada (7,8). De esa guisa, Linneo y Darwin la probaron, y el padre de la farmacología moderna, Claude Bernard, llegó a prepararla (9). Con el Renacimiento y la reinterpretación filológica de los tratados galénicos, en griego, latín y árabe, proliferaron comentarios, ediciones y disputas sobre la triaca y, por extensión, sobre el uso de las víboras. Médicos formados en las nuevas universidades de Alcalá o Montpellier cuestionaron la corrección de las traducciones sufridas en el intrincado itinerario de los escritos clásicos, la obligada fidelidad a Galeno y la pertinencia de mantener los ingredientes extraordinarios frente a una farmacología más racional y moderna, lo que vino en catalogarlos como médicos Antiguos o anteriores al siglo XVII, y Modernos. Para dar una idea, entre los muchos desvíos de la ortodoxia galénica se había llegado a enriquecer la triaca con la incorporación de polvo de momia (a falta del extinguido betún de Judea) por su doble eficacia como sustancia conservadora y efecto como panacea frente al dolor. Bustamante de la Cámara, brillante filólogo y médico de Alcalá, en su De animantibus Scripturae Sacrae, reptilibus, terrestribus cõmuniter dictis, libri duo, Lyon, 1620, reafirmó que la fuerza de la triaca residía sobre todo en la carne de la víbora (10): « Anima vero, vives, robur huius medicamenti viperina est caro ...», por su capacidad de «abrir, enfriar, calentar y disolver», lo que en su conjunto resultaba una mezcla de admirables virtudes, una panacea muy útil contra: «venenos, humores espesos y enfermedades malignas o pestilenciales, virtudes… que se pueden admirar, pero no explicar»⁶. Moyse Charas, eminente farmacéutico francés del siglo XVII al que luego nos referiremos, tratará de aclararlo porque: «cada compuesto de la triaca consta de cuatro elementos que al mezclarse hace que surja una facultad totalmente sublime por
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