Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
158 La víbora en la triaca | Jorge Alvar D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global El consumo de carne de víbora en la dieta ordinaria y con fines terapéuticos viene desde antiguo (1,2). Pedacio Dioscórides (40-90 d. C.) fue uno de los primeros en recomendarla, afirmando que: «la carne de la Bivora cozida y comida, aguza mucho la vista, es util à las flaquezas de nervios, y resuelve los lamparones que van cresciendo». A continuación da detallada receta: hay que cortar cabeza y cola, se quita la piel y limpian las entrañas, se lava bien y trocea, se cuece con aceite, vino y eneldo, y un poco de sal (3). Cuenta, además, que los magnates comen el corazón crudo de las víboras y que los potentados se conforman con ingerir carne de aves alimentadas con ellas, aunque así resulta menos eficaz para protegerse de enfermedades. La persistencia del consumo de carne de ofidio por sus supuestas virtudes saludables y cosméticas, entre los siglos XVII y XIX, se trata en el capítulo C7. Galeno (129-216 d. C.), a partir de su De Theriaca ad Pisonem , otorgó a la triaca de Andrómaco una reputación que perduró siglos. Este tratado, incluido en el Epítome de Andrés Laguna, 1643, en la exposición , edición que manejamos, defendía la triaca como panacea frente a diversas pestilencias y envenenamientos, de acuerdo con muchos otros autores (4). Para todos, las virtudes del preparado residían en el uso de carne de víbora seleccionada cuidadosamente¹ y que, siguiendo el principio homeopático similia similibus curantur, confería protección frente al envenenamiento si la carne, en la que se creía estaba el veneno, era administrada en pequeñas y reiteradas dosis. Este planteamiento tuvo un impacto duradero; por ejemplo, el médico salmantino del siglo XVII Domingo Guillén destacaba la eficacia de la triaca de Andrómaco, en boca de su personaje Pancracio: «La Triaca de Andromaco, que se compone de las carnes de Vivoras, es eficacissima contra todos los venenos, en especial contra las mordeduras de Vivoras» (5). Dedicado a Pisón, un aristócrata romano, De Theriaca ad Pisonem la defendía frente a los escépticos y recorría la historia del preparado, desde el mitridato reformado por Andrómaco hasta la versión galénica, compuesta por 60 simples. También describía su elaboración ritual en primavera que según las anotaciones de Andrés Laguna en su edición del Dioscórides porque: «El proprio tiempo para
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