Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
144 Sierpes salutíferas | Francisco Javier Puerto Sarmiento D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global La caza de l as v í boras De ese asunto no solía ocuparse el boticario ni los médicos, sino unos expertos dedicados a tan arriesgada misión. Las serpientes no podían criarse en el huerto de simples anejo a las boticas. Casi siempre existía un viborero, en donde se conservaban pequeños lapsos de tiempo, pero la cría en cautividad se consideraba perniciosa por el supuesto aumento del veneno, derivado del enfado de los animales al verse prisioneros. Así que, cada verano, cada primavera diríamos nosotros, los cazadores se lanzaban al monte a por el simple medicinal. Para los boticarios deseosos de hacerlo ellos mismos, se les daban las oportunas indicaciones. San Isidoro escribió con duda: “se dice que la serpiente no se atreve a tocar a un hombre desnudo”. Nuestro Lorenzo Pérez se hace eco del Libro Octavo de Aristóteles, Sobre la naturaleza de los animales . Según el mismo, las víboras serían amantes del vino y podrían capturarse mediante unas vasijas de barro con un poco del jugo fermentado de la uva. Galeno, Dioscórides, Oribasio y otros varios, atribuían los efectos contrarios a la lepra de la triaca a una leyenda. Según la misma, un leproso se bebió el vino en donde estaban ahogadas dos víboras y sanó. Esa anécdota la encontramos repetida, una y otra vez, durante la Edad Moderna (25). S i l a t rampa a l cohó l i ca no daba buen re su l t ado, el cazador podía frotarse las manos con raíces de taragontia o aro serpentaria ( Aro dracunculus ) (26). Se trata de una planta, común en España, dotada de un penetrante olor fétido. Los o l ores y l as v í boras Llama mucho la atención la consideración de ahuyentadoras de las serpientes de las plantas o los objetos de fuerte olor, presente luego entre las hierbas constituyentes de la triaca magna por la atribución de su virtud alexifármaca. Galeno, Dioscórides, Oribasio y otros varios, atribuían los efectos contrarios a la lepra de la triaca a una leyenda. “
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