Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global

143 Sierpes salutíferas | Francisco Javier Puerto Sarmiento D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global Su opinión fue rebatida por la del otro gran experto, M. Charas (1619-1698) (22), en una monografía excelente sobre el animal, en donde ligaba la acción del veneno a su imaginación colérica. Es decir: si mordía sin estar enfadada, el atacado resultaba inmune; ahora bien, si estaba encolerizada, esa cólera penetraba en sus colmillos y la inoculaba al atacado. El espíritu colérico le mataba o le enfermaba gravemente. José du Chessne ( Quercetanus ) (1521-1609) explicaba la vida de la víbora, según él, en una cueva desde el otoño a la primavera; luego se renovaba y cambiaba la piel. Al morar en la profundidad de la tierra tanto tiempo sin nutrirse, atraía los espíritus sulfúreos y vegetales, los cuales componen el alma y la vida de todas las cosas. De esa manera, el bálsamo que ejecutamos se impregna de esencia espiritual, del verdadero néctar de la vida, de la auténtica fragancia preciosa y radical de la naturaleza: el medicamento, preparado con la carne de víbora, estaría compuesto de espíritu sulfúreo sublimado. Esa sutil sustancia, penetra en primavera en la corteza de los árboles y arrastra fácilmente los humores malignos, como la piel de las serpientes (23). La iatroquímica, lejos de atacar el remedio producido por la carne de víboras y la triaca, lo explica desde sus propios postulados y lo asume en su totalidad. Nuestro Vélez de Arciniega (24), no se preocupaba de estos temas, aunque rebatía la idea de que las hembras corroían la cabeza del macho, luego del apareamiento, y los viboreznos mataban a la madre para vengar el asesinato de su padre. También nos explica la razón de no desear a las hembras preñadas, por no añadir al veneno de la madre el de las crías. Lorenzo Pérez nos aclara más la elección: las hembras tienen muchos colmillos y los machos sólo dos. Además, aconseja no cazarlas en lugares marinos ni salados, para evitar la salazón de su carne y el exceso de sed a quienes la han de ingerir. Las víboras habían de cazarse en verano. Galeno aconsejaba el principio, Andrómaco el final, nuestro Lorenzo Pérez prefiere el final si no ha sido invernizo. Antes están metidas en sus abrigos, no gozan del aire y son más venenosas.

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