Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
142 Sierpes salutíferas | Francisco Javier Puerto Sarmiento D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global Los component es de l f ármaco Las v íboras . El fundamento terapéut i co de su empl eo El fundamento científico de su actividad derivaba del supuesto carácter venenoso de la carne de la serpiente. De acuerdo al principio homeopático establecido por Galeno, similia similibus curantur ( lo similar cura a lo similar ) desarrollado mucho más tarde por Samuel Hahnnemann (1775-1843) y los homeópatas, un veneno podría ser neutralizado por otro: de ahí el interés por las víboras (18) . El problema estribaba en dar con una ponzoña suficientemente enérgica para atraer a la ingerida, y adecuadamente suave para no producir un inconveniente añadido. Según Bartolomeo Maranta, la de la carne de víbora era idónea y no la de otras, como el legendario basilisco. ¿De dónde procedía el veneno de las serpientes, concretamente de las víboras, de la carne, de la saliva…? Alonso López de Corella en el siglo XVI, parece ligarlo a sus secreciones salivares (19). En 1664 Francesco Redi (1626-1694) (20) publicó sus Osservazioni intorno alle vipere (21). Para el estudio toxicológico dispuso de una buena cantidad de escorpiones y serpientes, con las cuales efectuó más de trescientas cincuenta experiencias, muchas ante los grandes duques de Toscana, Fernando II y Cossimo III. En su libro, nos cuenta cómo en 1663 llegó a Florencia, desde Nápoles, un gran cargamento de víboras para preparar la triaca; en una charla cortesana discutieron acerca de la importancia de este animal en la preparación del antídoto y sobre cuál sería el lugar en donde se localizaba el veneno. En un determinado momento intervino Fernando II y dio orden de que se hicieran investigaciones para aclarar el asunto. El cazador de víboras, Jacopo Sois, demostró la falta de peligrosidad de la hiel del animal. La tocó e incluso la ingirió sin problemas. Lo mismo hizo con el veneno. Tras varios experimentos con animales, Redi concluyó la toxicidad cuando entra en el torrente sanguíneo a través de los colmillos. Sólo emitió teorías sobre la posible existencia de glándulas venenosas. No logró localizarlas. L
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