Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global

151 Sierpes salutíferas | Francisco Javier Puerto Sarmiento D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global en el caldo; bebía vino en donde se había ahogado una víbora; merendaba una especie de horchata conseguida a partir de la carne de la sierpe y cenaba lo mismo que al medio día. Otro hombre, septuagenario, se comió en un mes más de noventa víboras. No eran solo los enfermos o los crédulos quienes utilizaban ese alimento. La refinadísima, Madame de Sevigné (34), en sus cartas, da fe de la ingestión de caldo de víbora por parte de Madame de Lafayette para darle fuerza (20 de octubre de 1679). Varios años después, el 18 de julio de 1865, asegura: “debo mi salud a las víboras… purifican la sangre y la vivifican” . Aconseja hacérselas traer en cajas y comerse dos todas las mañanas, decapitadas, despellejadas y cocinadas como un buen pollo, pues sus efectos son milagrosos. Los italianos disponían de un libro excelente para ese menester: el Trattati de Gl’Effetti maravigliosi delle carni di vipere (35) . Allí, si alguien no deseaba alimentarse con las serpientes, aconsejaba nutrir a gallinas y capones con su carne y luego comérselos. Al menos una reina de España, Bárbara de Braganza (1711-1758) (36), casi un siglo después que la Sevigné, seguramente trató de mejorar su comprometida salud mediante la ingestión de este raro alimento. En 1751 se compraron varios de estos animalitos para su real consumo (37). Nada más cazarlas se evisceraban, desollaban y descabezaban. Luego eran sometidas a salazón y a un ahumado con sustancias aromáticas; a continuación, se cocinaban al gusto del usuario. También surgió un problema teológico: ¿era la víbora carne o pescado? En unmundo sometido a frecuentes periodos de abstinencia de carne, impuestos por la Iglesia, la cuestión no es baladí. En 1721, los Reverendos Padres Cartujos preguntaron al médico Martín Martínez (38), sobre el asunto. El doctor, diligente, escribió un texto que dio a la imprenta dedicado a Juan Higgins, protomédico de Felipe V, en donde, luego de prolijas disquisiciones, se muestra acorde con san Ambrosio, el reverendísimo teólogo Tamburino y otras autoridades, para autorizarles su uso; aunque no aclara si es carne o pescado y lo deja en un terreno incierto (39). No eran solo los enfermos o los crédulos quienes utilizaban ese alimento. La refinadísima, Madame de Sevigné, en sus cartas, da fe de la ingestión de caldo de víbora por parte de Madame de Lafayette para darle fuerza. “

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