Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
69 La naturaleza y ciencia del veneno animal | Alberto Sánchez Vialas, Rafael Zardoya y Aida Verdes D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global Los dientes de las serpientes se han clasificado tradicionalmente en cuatro grandes grupos, que se diferencian fundamentalmente por su morfología. Los dientes aglifos (del griego *a-*, sin; glyphē, tallado o surco) son dientes macizos sin surcos ni canales, distribuidos a lo largo de toda la arcada dental. No están conectados directamente a glándulas venenosas, por lo que no poseen un sistema de inoculación especializado. Aunque algunas especies producen secreciones con componentes tóxicos en glándulas orales, la inoculación de veneno es ineficaz. La gran mayoría de las serpientes pertenecen a este grupo y no representan riesgo para el ser humano. Los dientes opistoglifos (del griego opistho-, posterior; glyphē, tallado) son dientes acanalados situados en la parte posterior del maxilar superior, conectados a las glándulas de Duvernoy, situadas detrás del ojo y encargadas de la secreción de veneno. A diferencia de las glándulas de veneno de víboras, no están rodeadas de músculos fuertes y por tanto carecen de un mecanismo de inyección a presión, por lo que la inoculación de veneno suele requerir que la presa sea mordida y “masticada”. En humanos, los accidentes provocados por serpientes opistoglifas son poco frecuentes y generalmente leves, aunque existen excepciones bien conocidas como algunas especies de los géneros africanos Dispholidus y Thelotornis . La culebra bastarda ( Malpolon monspessulanus ) y la culebra de cogulla ibérica ( Macroprotodos brevis ) son los únicos ejemplos conocidos en la Península Ibérica que portan este tipo de dentición. Los dientes proteroglifos (del griego protero-, anterior; glyphē, tallado) son colmillos fijos y acanalados, situados en la parte anterior del maxilar superior. Están conectados a glándulas de veneno bien desarrolladas con músculos potentes que pueden generar presión a la hora de inyectar veneno. Este sistema es característico de la familia Elapidae que incluye a las cobras, mambas y serpientes de coral, entre otras. Sus venenos son principalmente neurotóxicos y muy efectivos a la hora de paralizar a sus presas. La fauna ofídica de la Península Ibérica no cuenta con ninguna especie actual que exhiba dentición proteroglifa. Finalmente, los dientes solenoglifos (del griego sōlēn, canal o tubo; glyphē, tallado) representan el sistema de inoculación de veneno más sofisticado. Son colmillos largos, huecos y móviles, que se pliegan contra el paladar cuando la boca está cerrada y se proyectan hacia delante durante el ataque. Están conectados a grandes glándulas de veneno rodeadas de potentes músculos compresores que permiten inyectar el veneno a presión, de forma similar al funcionamiento de una jeringa
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