Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global 287 Sala 2 | Triaca Magna L La carne y espinazo de víbora tuvieron cierto éxito terapéutico en la farmacia antigua, sin duda influenciado por el carácter mágico atribuido a este animal; se preparaba en cocimiento, el ‘caldo de víboras’ o ‘hidrolado de víboras’; como gelatina, ‘gelatina de víboras’ o como ‘grasa de víboras’ y ‘manteca de víboras’. A la gelatina se atribuía un poder antitísico; la manteca, se usó como sudorífica, emoliente, resolutiva y atenuante. La carne de víbora fue uno de los elementos de más alto significado homeopático: el remedio al mal se encontraba en el propio causante. Su empleo durante el Renacimiento llegó a propugnarse como una panacea; se preparaba en polvos, pero también se comía pan con caldo viperino aderezado con corazón y carne del mismo animal, ayudándose con un vino en el que se había ahogado una víbora. Como buena panacea, prolongaba la juventud y ponía fin a cualquier mal que el organismo padeciese. Fue habitual en las boticas la presencia un ‘viborero’, una caja de madera, taladrada por los lados, recubierta interiormente con una masa de salvado fino, destinada a guardar vivas las víboras que habrían de servir para confeccionar los distintos preparados de los que este reptil entraba a formar parte.
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