Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global
D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global 283 Sala 2 | Triaca Magna E Los pétalos de rosa, junto a los de violetas, borrajas y algunas más, gozaron de fama terapéutica en el Renacimiento, con ellos se elaboraban bálsamos, pomadas y aguas. El agua de rosas fue considerada oftálmica; el jarabe de rosas, conocido como rodomiel o miel rosada, fue ampliamente utilizado, mediante infusión, para combatir las inflamaciones de la garganta. Las aguas cordiales, procedentes de la destilación, fueron utilizadas como medicamentos, prescritos en pequeñas dosis, para vigorizar y revitalizar el corazón, el cuerpo y el espíritu; el uso de estas aguas cordiales, en las que el alcohol y el azúcar se unían a un sabor determinado, comenzó a decaer en el siglo XVIII; entonces cambiaron su actividad terapéutica por el uso social, transformándose en licores. Los pétalos de rosas se emplearon, también, para aromatizar compuestos, a través del azúcar rosado. En general se prefería el empleo de rosas dobles, de pétalos rojos y perfumados, por lo que fue práctica habitual el cultivarlas antes que el obtenerlas de la naturaleza. Su caducidad era inmediata; de hecho, para la elaboración del agua de rosas se recomendaba el empleo de pétalos recogidos en la misma mañana de la elaboración del preparado. No obstante, cuando los pétalos de rosas están bien desecados, su olor se intensifica y es ésta una característica a tener en cuenta: el benedictino Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) afirmaba que la potencia del agua de rosas era tal que, para purgarse, a algunas personas les bastaba el olor de estas flores. Las cajas de madera fueron especialmente empleadas para conservar flores, pétalos, sumidades floridas y frutos; productos, todos ellos, que precisan protección frente a la luz y la humedad.
RkJQdWJsaXNoZXIy ODI4MTE=