Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global

D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global 277 Sala 2 | Triaca Magna U Un botijo es una vasija de cuerpo esferoide, un asa en su parte superior, y dos o más orificios; por lo general se llama ‘boca’ al más ancho, por el que se llena, y ‘pitón’ o ‘pitorro’ al otro, que produce un fino chorrillo ideal para beber sin demasiado desperdicio. Los botijos empleados en las boticas para conservar medicamentos están vidriados para evitar el principio de funcionamiento del botijo tradicional: la evaporación del líquido contenido, ya que ello dañaría la conservación de medicamento. El aceite rosado, conocido como ‘oleum rosarum’, ‘rhodmon’, ‘rondelei’, ‘rodon’ y variantes similares, se preparaba con parte iguales de pétalos de rosas pálidas y de rosas amarillas; estos se contundían en un mortero de mármol y se exponían, junto al aceite, a un fuego suave hasta evaporar toda humedad; el resultado se tamizaba haciéndolo pasar, primero, por un lienzo y, posteriormente, se filtraba por papel. Este aceite fue empleado, en aplicaciones externas, como cataplasma, para la curación de las quemaduras; fue base fundamental del ‘ungüento de santa Águeda’, destinado a amortiguar el dolor de las grietas de los pechos; del ‘bálsamo de Ricour’, un ungüento destinado a tratar úlceras indolentes; y del ‘bálsamo policresto de Lemery’, de actividad antipútrida, destinado a consolidar las heridas ulcerosas. En forma de masa blanca, aplicada sobre la frente y las sienes, en el producto denominado ‘frontal de Fuller’, se utilizó contra las afecciones reumáticas. Por vía interna fue utilizado como un contraveneno, en especial para evitar las intoxicaciones fúngicas.

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