Serie monografías | De brebajes y serpientes. Entre la triaca magna y una emergencia de salud global

208 La triaca del Real Colegio de Boticarios de Madrid | Antonio González Bueno D e b r e b a j e s y s e r p i e n t e s Entre la triaca magna y una emergencia de salud global “… de haverse tratado en Junta particular de las cosas pertenezient s á la fundaz on del Colegio de Boticarios, y se avia considerado, en ella, ser nezessario, anttes de entablar la pretension, se hiziese publicam te la Theriaca, y Mitridato; para q e hecho fuesse mas formal d ha prettesion; q e entendido por la Junta combino, en el todo, y se acordo, que para ayuda de hazer d ha Theriaca, respecto de existir, algun caudal del Colegio de S n Lucas, se usase de el para dho efecto…” (1) Ya en 1726 se realizó la primera compra de géneros para la elaboración de esta triaca por parte del ‘Colegio de Boticarios de Madrid’ (Puerto, 2009). El privilegio para preparar la triaca magna otorgado a los boticarios de la ciudad de Madrid, constituidos de facto en colegio, les fue concedido en 1732 (2). Un permiso, que no un monopolio, porque de él también disfrutaban los colectivos profesionales de Zaragoza, Valencia, Barcelona y Toledo ( Jordi, 1964; Puerto, 2009). En la mañana del martes 19 de agosto de 1738, la población madrileña se levantaba con el siguiente suelto publicado en la Gaceta de Madrid: “Por Privilegio que tiene de S.M. (que Dios guarde) el Colegio de Boticarios de esta Corte, está preparando publicamente los simples para consingir una porcion considerable de Theriaca Magna de Andromaco, los que fueron aprobados por el Real Protho-Medicato, y estuvieron espuestos al publico tres dias: Y queda aplicado en el cultivo, y adelantamiento de la Pharmacia, como lo previenen sus nuevos Estatutos, en beneficio del Publico”. ( Gaceta de Madrid, [19/08/1738], p. 140). La noticia sobre la preparación de la triaca se reiteró en el septiembre de 1747 (3), mayo de 1749 (4), agosto de 1756 (5), julio de 1771 (6) y agosto de 1790 (7), con algunas modificaciones, no exentas de interés, que ponen de manifiesto dos cuestiones: por un lado la publicidad que reportaba al Colegio la exhibición pública de los simples, garantía de la calidad de la preparación -y con ella de todo el colectivo profesional-; de otro, la subordinación al Real Tribunal del Protomedicato, sin cuyo plácet la elección de los productos no queda autorizada. La triaca colegial se siguió elaborando de manera pública en los años siguientes, al menos en 1797 y 1799. El privilegio para preparar la triaca magna otorgado a los boticarios de la ciudad de Madrid, constituidos de facto en colegio, les fue concedido en 1732. “

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